Nuestro sistema económico

La energia limpia no nos salvará, sólo un nuevo sistema económico puede

Jason Hickel, The Guardian 15/07/2016

A principios de año, medios por todo el mundo anunciaron que febrero batió récords de temperatura global de forma apabullante. Marzo también batió récords. En junio nuestras pantallas se llenaron de imágenes susurreistas de inundaciones en París con el cauce del Sena desbordado y fluyendo por las calles. En Londres las inundaciones entraron en el metro hasta el mismo corazón de Covent Garden. Las calles del sureste de Londres se convirtieron en ríos de dos metros de profundidad.

Con sucesos comos estos cada vez mas habituales, pocos siguen negando el cambio climático. Por fin está cristalizando un consenso alrededor de un hecho importante: los combustibles fósiles nos están matando. Necesitamos cambiar a energía limpia, y rápidamente.

Este conocimiento creciente de los peligros de los combustibles fósiles representa un cambio crucial en nuestra consciencia. Pero no puedo evitar pensar que se está pasando por alto la cuestión principal. Por importante que sea la energía limpia, la ciencia es clara: no nos va a salvar del cambio climático.

Imaginemos que podemos deshacernos de los combustibles fósiles y usar sólo energía limpia. No hay duda de que esto sería un paso vital en la dirección correcta, pero incluso este escenario óptimo no seria suficiente para evitar la catástrofe climática.

¿Por qué? Porque quemar combustibles fósiles sólo representa alrededor del 70% de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. El 30% restante es por diferentes causas. La deforestación es una grande de ellas. También la agricultura industrial, que degrada los suelos hasta el punto de filtrar CO2. Luego está la ganadería industrial que produce 90 millones de toneladas de metano al año y la mayor parte del óxido nitroso antropogénico global. Ambos gases son mucho mas potentes que el CO2 en cuanto a calentamiento global se refiere. La ganadería contribuye más al calentamiento global que todos los coches, trenes, aviones y barcos del mundo. La producción industrial de cemento, acero y plástico es otra gran fuente de gases de efecto invernadero, y luego están los vertederos, que liberan enormes cantidades de metano, el 16% del total mundial.

Cuando hablamos de cambio climático, el problema no es sólo el tipo de energía que estamos utilizando, es lo que hacemos con ella. ¿Qué haríamos con la energía cuando fuese toda limpia? Exactamente lo que hacemos con los combustibles fósiles: arrasar más bosques, construir mas granjas de ganado, expandir la agricultura industrial, producir más cemento y llenar más vertederos, todo lo cual liberará cantidades letales de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Haremos estas cosas porque nuestro sistema económico requiere de un crecimiento compuesto ilimitado, y por alguna razón no hemos pensado cuestionarnos esto.

Piénselo de esta forma. Ese 30% de gases de efecto invernadero de fuentes que no son combustibles fósiles no es estático. Cada año añade más a la atmósfera. Los científicos proyectan la destrucción total de los bosques tropicales para 2050, soltando una bomba de 200 mil millones de toneladas de carbono. Los suelos podrían agotarse en sólo 60 años, liberando todavía mas. Las emisiones de la industria del cemento están creciendo un 9% al año. Y nuestros vertederos están multiplicándose a un ritmo que da ganas de llorar: para 2100 estaremos produciendo 11 millones de toneladas de residuo sólido al día, tres veces mas que el ritmo actual. Cambiar a energía limpia no va a hacer nada para aminorar este ritmo.

El movimiento climático cometió un error enorme. Hemos centrado toda nuestra atención en los combustibles fósiles cuando deberíamos haber apuntado a algo mucho mas profundo: la lógica básica de nuestro sistema operativo económico. Después de todo, estamos usando los combustibles fósiles en primer lugar para alimentar el más amplio imperativo del crecimiento del PIB.

El origen del problema es el hecho de que nuestro sistema económico requiere de un incremento constante de los niveles de extracción, producción y consumo. Nuestros políticos nos dicen que necesitamos mantener la economía global a un ritmo de crecimiento superior al 3%, el mínimo necesario para que las grandes empresas obtengan beneficios agregados. Esto significa que cada 20 años necesitamos duplicar el tamaño de la economía global: doble de coches, doble de pesca, doble de minas, doble de McFlurries y doble de iPads. Y luego volver a duplicar en los próximos 20 años su estado ya duplicado.

Nuestros expertos mas optimistas dicen que las innovaciones tecnológicas nos ayudarán a separar el crecimiento económico de la producción material. Pero tristemente no hay evidencias de que eso esté ocurriendo. La extracción y el consumo material global ha crecido un 94% desde 1980, y sigue subiendo. Las proyecciones actuales muestran que para 2040, barcos, aviones y camiones habrán superado el doble de kilómetros recorridos actualmente, junto con la cantidad de materiales que esos vehículos transportan, casi exactamente a la par del ritmo de crecimiento del PIB.

La energía limpia, por más importante que sea, no nos salvará de esta pesadilla. Pero repensar nuestro sistema económico podría. Nos han vendido que el crecimiento económico es la única manera de crear un mundo mejor. Pero ahora tenemos sólidas evidencias de que no nos hace más felices, no reduce la pobreza, y sus ‘externalidades’ producen todo tipo de problemas sociales: deuda, sobrecarga de trabajo, desigualdad y cambio climático. Necesitamos abandonar el crecimiento del PIB como medida principal de progreso, y necesitamos hacerlo inmediatamente, como parte del acuerdo climático que será ratificado este año en Marruecos.

Es hora de dedicar nuestro poder creativo a imaginar una nueva economía global, una que maximice el bienestar humano a la vez que reduce nuestra huella ecológica. No es una tarea imposible. Algunos países ya han conseguido altas cuotas de desarrollo humano con niveles muy bajos de consumo. De hecho, Daniel O’Neill, un economista de la Universidad de Leeds, ha demostrado que incluso el decrecimiento material no es incompatible con altos niveles de bienestar humano.

Centrarnos en los combustibles fósiles nos ha proporcionado sosiego al pensar que podemos seguir con el status quo mientras podamos cambiar a energía limpia, pero esta es una suposición peligrosamente simplista. Si queremos prevenir la crisis que viene, necesitamos enfrentarnos a la causa subyacente.

Vía: autopolítica

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