El orden establecido

 (…) Más que rabia, los ciudadanos sienten cansancio; una sensación que impide que surjan los movimientos populares necesarios para terminar con las injusticias. En vez de tomar las calles, la mayoría de los ciudadanos prefieren indignarse frente al televisor y luego seguir con sus vidas, asoladas por la inseguridad.

Y este es el motivo por el cual el excelente nuevo filme de Michael Moore es tan importante. ¿Qué invadimos ahora? gira en torno a una sátira muy sencilla. Moore señala que Estados Unidos ha llevado a cabo una serie de invasiones militares, desde Vietnam hasta Irak, cuyo máximo logro ha sido un número de víctimas devastadoramente alto. ¿Qué pasaría si el cineasta invadiera países para apropiarse de ideas y políticas pensadas para ayudar a los ciudadanos y se las llevara a Estados Unidos?

(…)

Hay muchos ejemplos más. Países como Alemania y Eslovenia, que consideran que la educación universitaria es un bien social y, por este motivo, no hay tasas académicas. También el caso de Portugal, que ha abandonado la desastrosa “guerra contra las drogas” y ya no castiga con penas de cárcel a aquellas personas que compran sustancias ilícitas para su consumo personal

Podría citar muchos casos más. En los países nórdicos, que tienen impuestos más altos y un estado de bienestar más sólido, la calidad de vida es más alta. En Alemania, el gobierno ha impulsado una estrategia industrial para crear cientos de miles de puestos de trabajo en el sector de las energías renovables y, además, de esta forma aborda la crisis del cambio climático.

La principal aportación de este tipo de películas es que extienden la noción de que el orden establecido no es inamovible. Todos los que pensamos que la sociedad se debe gestionar en beneficio de la mayoría, y no para contentar a una diminuta élite, a menudo estamos a la defensiva. Nos define aquello a lo que nos oponemos, no lo que defendemos.

Nuestros carteles lucen consignas de protesta contra las privatizaciones o los recortes en lugar de presentar una visión optimista de la sociedad que nos gustaría tener.

No es de extrañar que muchos piensen que somos unos pesimistas que transmitimos sin parar un mensaje de tristeza y miseria. Ronald Reagan no es precisamente el ejemplo que la izquierda quiere seguir y su desastroso legado incluye el estancamiento del nivel de vida de millones de estadounidenses. Sin embargo, supo presentar sus políticas a favor de los ricos con optimismo, proclamando “un nuevo despertar para Estados Unidos”.

Debemos seguir luchando contra las injusticias, pero resulta evidente que para situarnos al mismo nivel que nuestros adversarios debemos redoblar nuestros esfuerzos por presentar un mensaje alentador y lleno de esperanza. Como Moore ilustra gráficamente, son muchas las alternativas posibles. No hablamos de ellas lo suficiente; y ha llegado la hora de hacerlo.

Owen Jones. El mundo puede ofrecer esperanza y prescindir de invasiones militares innecesarias. Publicado en eldiario.es

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