El conflicto

El arte de discutir, por Francesc Miralles. Publicado en El País

No es casual que el término discusión tenga en castellano un sentido negativo, mientras que discussion en inglés apela –entre otras acepciones– al debate fértil y al intercambio de ideas. En los países mediterráneos, cuando surge un conflicto, demasiadas veces el golpe de genio domina sobre el diálogo. Solo hay que comparar las ordenadas intervenciones en un parlamento del norte con el vocerío y las salidas de tono que abundan entre nuestros políticos, muy especialmente durante las elecciones.

Bajo la falsa premisa de que la persona que más grita es quien lleva la razón, no nos hemos educado en el arte de disentir productivamente, una carencia que fomenta la rigidez mental y el pensamiento unidireccional. Sin tener que dar la razón a nadie que no la tenga, en este artículo estudiaremos cómo hacer de la discusión una fuente de soluciones, en lugar de un multiplicador de problemas (…)

Al dialogar y sopesar diferencias de forma empática, reforzaremos la unión con la persona o personas sobre las que pendía el conflicto.

A veces lo que impide que una discusión dé un giro positivo no son viejas rencillas del pasado ni diferencias insalvables, sino el bloqueo que ejerce una de las partes para que las ideas preconcebidas no se muevan.

Hay situaciones en las que nuestro interlocutor se cierra en banda y es imposible resolver la cuestión que ha provocado el conflicto. Esto sucede a menudo con personas retraídas y poco acostumbradas a dialogar, así como con aquellos perfiles sanguíneos que hablan –o gritan– antes de pensar. En una tercera categoría, entre las personas difíciles, estarían aquellas que se parapetan tras un argumento y repiten una vez y otra lo mismo, como un mantra, por miedo a ser convencidas de lo contrario.

Justamente contra estos bloqueos en la comunicación, Sócrates diseñó un método para abrir brecha en las certezas del otro y hacerle pensar. Muchas de las preguntas que el filósofo ateniense utilizaba entonces para que el interlocutor abandonara su rigidez mental siguen teniendo validez hoy día:

¿A qué te refieres exactamente con esto?

¿Cómo has llegado a esta conclusión?

¿Por qué es eso tan importante para ti?

¿Has contemplado la posibilidad de que estés equivocado?

A menudo estas preguntas no obtienen una reacción positiva inmediata por parte del interlocutor, pero sin duda acabarán por hacerle pensar. Hay personas que necesitan un tiempo de incubación para llegar por sí mismas a una conclusión positiva que entierre el hacha de guerra (…)

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