Los intereses del 99%

Hemos visto que la actual desigualdad de Estados Unidos, y la de muchos otros países, no surgió espontáneamente a partir de unas abstractas fuerzas del mercado, sino que ha sido determinada y reforzada por la política. La política es el campo de batalla para las disputas sobre cómo se reparte la tarta económica del país. Es una batalla que ha venido ganando el 1 por ciento. Se supone que en una democracia las cosas no tendrían que ser así. En un sistema de “una persona, un voto”, se supone que cuenta el 100 por ciento de la gente. La teoría política y económica moderna predecía que los resultados de los procesos electorales donde cada persona tiene un voto reflejarían los puntos de vista del ciudadano medio, no el de las élites. Más concretamente, la teoría estándar, que se basa en unos individuos con unas preferencias bien definidas y que votan en su propio interés, predice que el resultado de las elecciones democráticas reflejaría el punto de vista del votante “mediano” -de la persona que ocupa un punto medio-. En el caso del gasto público, por ejemplo, la teoría dice que la mitad de los votantes querrían que hubiera más gasto y la otra mitad querría que hubiera menos. Pero las urnas revelan constantemente que existen grandes discrepancias entre lo que quiere la mayoría de los votantes y lo que depara el sistema político. (…)

¿Por qué la parte media del electorado no ha tenido la influencia política que la teoría estándar predice que debería tener, y por qué nuestro sistema actual parece funcionar sobre el principio de “un dólar, un voto” en vez de sobre el principio de “una persona, un voto”? En los capítulos anteriores veíamos que la política configura los mercados: la política determina las reglas del juego económico, y el terreno de juego está inclinado a favor del 1 por ciento. Por lo menos en parte, eso se debe a que el 1 por ciento también determina las reglas del juego político.
La historia tiene dos elementos cruciales. Uno, la tarea de modelar las percepciones de los individuos -de forma que el 99 por ciento adopte como propios los intereses del 1 por ciento-. [El otro] se centra en la teoría económica y política que rodea al propio proceso electoral.

El precio de la desigualdad. Joseph Stiglitz. Premio Nobel de Economía

vía: El vertedero

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