La revolución y el miedo

(…) El miedo no suele ser un agente revolucionario, con pocas excepciones (se me ocurre el Gran Miedo francés de 1789, que provocó revueltas y aceleró la abolición del feudalismo). Por lo general las revoluciones son posibles cuando el miedo al presente es mayor que el habitual miedo a cambiarlo todo de golpe y entrar en terra incognita. Si el proletariado fue alguna vez un sujeto revolucionario lo fue más bien por su falta de miedo, por no tener ya nada que perder.

Hoy sin embargo, como recuerda Zizek (Primero como tragedia, después como farsa), “lo que nos une es que, al contrario de la imagen clásica del proletariado, que ‘no tiene nada que perder, excepto sus cadenas’, nosotros estamos en peligro de perderlo todo”. Y esa es otra garantía antirrevolucionaria hoy: que todavía tenemos más miedo al cambio que a la crisis. Conservar lo que todavía tenemos, antes que buscar algo mejor. Lo malo conocido, lo bueno por conocer. Entre otras cosas, porque en el fondo la mayoría seguimos fantaseando con que la salida de la crisis será un regreso a la casilla inicial, como despertar de una pesadilla. Es el deseo dominante, todavía: no ser otros, sino volver a ser los que un día fuimos. No aceptamos que aquellos, como las oscuras golondrinas, no volverán. (…)

¿El miedo va a cambiar de bando? por Isaac Rosa

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