El lenguaje como instrumento de control

INSTRUMENTOS DE CONTROL: El lenguaje

Es uno de los más sutiles. Orwell ya definía las características de su neolengua, desactivadora del pensamiento crítico, aun del raciocinio:

1. La simplificación del lenguaje. Disminuir el área del pensamiento <<reduciendo el número de palabras al mínimo indispensable>>. Primar a quien menos emplee. Y eso que no se habían inventado todavía ni los SMS, ni Twiter, ni el programa de televisión 59 segundos.

2. Eliminar algunas palabras para eliminar el concepto. Citaba en concreto <<libertad>> en su acepción absoluta. Y no hay palabra más restregada, pisoteada y alterada en nuestros días que libertad.

3. Mantener la vieja lengua sólo para actos elementales (comer, beber, andar, dormir), el resto se reinventa, suprimiéndole significados potencialmente peligroso: malo ya es no bueno.

No fue casualidad que en la década de 1990 comenzaran a aplicarse grandes cambios en el lenguaje. Eran una parte de toda la estrategia neoliberal decidida a imponer sus postulados de forma implacable: la caída del comunismo dejaba al capitalismo en una hegemonía mundial incontestada. No se podía desperdiciar la ocasión. Aunque el término ya se había empleado previamente y se usaría con profusión después, la guerra de los Balcanes -iniciada en 1991- fue la primera sin muertos civiles: nos hallábamos ante <<daños colaterales>> que duelen mucho menos a la sensibilidad de los espectadores. En realidad se logra que el cerebro borre a las víctimas. Desde entonces hemos experimentado una invasión de eufemismos dulcificadores y en todos lo terrenos. Nos hablan de <<flexibilidad en el empleo>> cuando quieren decir expulsión sin indemnización; utilizan <<regulación de plantilla>> por despidos, <<reforma laboral>> para referirse a una merma sin paliativos, <<gasto social>> para que nos lastime (¡qué despilfarro, estamos tirando el dinero en las personas!), llamando al resto de los <<gastos>><<inversiones>> (infraestructuras por ejemplo). Cuanto se refiere a la economía, y no por casualidad, es un puro escamoteo de la verdad, un rodeo lingüístico, destinado a desviar nuestra atención. El más flagrante: <<mercado>> por especuladores.

Y siguen por todos los campos: <<técnicas avanzadas de interrogatorio>> = torturas al estilo de la china medieval. <<Limpieza étnica>> = genocidio. <<Fuego amigo>> = intento de consuelo para los familiares de las víctimas ocasionados por la chapuza del ejército propio. Y la más manipuladora e ideologizada: <<antisistema>>, usada (con el deliberado propósito de infundir temor) tanto para gamberros que tiran piedras como para quien evidencia razonablemente los atropellos que se están produciendo. Los poderes actuales, sin control, son los auténticos antisitema, los que atacan a la sociedad en su conjunto.

Cada día soy más cruda, más realista en el lenguaje, porque vengo observando que muchas personas han tomado miedo a las palabras. Las palabras son su contenido. Invito a reaccionar y decir las cosas tal cual son, se llenan de aire los pulmones. Porque, imaginad, si ocasionaría la misma respuesta una noticia que se redactara así: <<El Gobierno, de acuerdo con empresarios y sindicatos, ha decidido mermar los derechos laborales de los trabajadores españoles. En algún caso, acabar con ellos. Permitirá que los empresarios estipulen las condiciones de trabajo, rebajen sus sueldos y los despidan sin compensación alguna. La jubilación será oficialmente a los 67 años, con 38,5 años trabajados; más adelante llegaremos a los 69, tratando en todos los casos de no pagar la pensión íntegra a casi nadie>>. No sería lo mismo, ¿a que no? Pues la realidad es ésta. Y muchas más de las que no nos informan, o no como debieran. ¿No pueden escucharla nuestros tiernos oídos? Reacciona, traduce el discurso a palabras reales. No las temas”.

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2 respuestas a El lenguaje como instrumento de control

  1. Un libro muy interesante sobre la importancia del lenguaje es ‘LTI: La Lengua del Tercer Reich’, de Victor Klemperer. Un poco en la línea de este fragmento que has puesto, explica cómo cambiaron los Nazis el significado de muchas palabra para ponerse más fácilmente al pueblo llano a su favor y para manipular la realidad (un ejemplo muy bueno es el de la palabra “fanático”, a la que dotaron de un significado muy positivo en contra de la definición más usual del vocablo).
    A veces no pensamos en lo potente que es esta herramienta que usamos cada día. Y es que con llamar a cada cosa consu nombre, y sobre todo con “entender” cada cosa “como se dice”, ya tendríamos un gran camino avanzado…
    ¡Felicidades por el blog!

  2. Políticamente incorrecto dijo:

    Qué gran artículo. Cada vez se está poniendo más de moda en prensa, no sólo en Latinoamérica, construir titulares al estilo inglés de forma que la cantidad de palabras en una cabecera roza lo ridículo, más si tenemos en cuenta que nuestra lengua es romance y se corre el riesgo (o se busca) de perder información.

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