Culpando al más débil

Un espectacular artículo del psicólogo David P. Barash sobre como desviamos las cosas desagradables que nos ocurren y la frustración que generan, ensañandonos con víctimas inocentes más débiles. Creo que este mecanismo explica infinidad de comportamientos agresivos que se reflejan en nuestra vida diaria, en la politica exterior y en la historia de la humanidad.

LA AGRESION DESVIADA. David. P Barash. Publicado en Redes para la ciencia.

Todos hemos experimentado alguna vez el dolor. Cuando pasan cosas malas –y, tarde o temprano, siempre pasan– algo peculiar y profundamente desagradable puede ocurrir después: como efecto de haber resultado heridas, las víctimas a menudo reaccionan, haciendo que otro también sufra el dolor que ellas mismas sufren. Y aquí hay algo curioso: frecuentemente eligen a un inocente, alguien que no era el que les ha causado el sufrimiento, como su propia víctima. Los biólogos llaman a esto “agresión desviada o redirigida”. Opera a través del dolor, a  veces físico, a veces psicológico. Esto ocurre desde hace mucho tiempo, tanto en la vida real como en la literatura: gente que tiene un mal día en el trabajo responde conduciendo de forma agresiva, o gritando a su mujer, su hijo o dándole una patada al perro al llegar a casa. También hay, naturalmente, los conocidos pero poco comprendidos “ciclos de violencia familiar”, en los cuales la gente que ha sufrido abusos de niño se convierten, muchas veces, en abusadores al hacerse adultos. Lo que ocurre aquí es más interesante, más complicado y más irracional que el aprendizaje social o la venganza: cuando un individuo sufre dolor, una respuesta típica es pasárselo a otro, como si la angustia personal de uno pudiera disminuir su intensidad transmitiéndola a otros, independientemente de su culpa o inocencias reales (…)

NADA ES GRATUITO

Si ponemos una rata en una jaula con un suelo electrificado que produce descargas de forma repetida, el pobre animal mostrará muchas señales de estrés. Cuando se le haga la autopsia, se verá que sus glándulas adrenales son más grandes de lo normal, y probablemente, también tendrá úlceras en el estómago. Ambos hechos indican la presencia de estrés. Si repetimos el experimento pero esta vez añadiendo un palo de madera en la jaula, la rata lo mordisqueará y suportará la experiencia mucho mejor. En la autopsia del animal, sus glándulas adrenales serán más pequeñas y tendrán menos úlceras. De alguna manera, mordisquear el palo ha ayudado a la rata. Por último, si ponemos dos ratas en la jaula electrificada y sólo administramos descargas en una de ellas, responderá atacando a la otra. Curiosamente, en la autopsia observaremos que las glándulas adrenales del animal tendrán un tamaño normal e, incluso, a pesar de haber sufrido numerosas descargas, no tendrá úlceras. Cuando los animales responden al estrés y al dolor redirigiendo su agresión fuera de sí mismos, ya sea mordiendo un palo o a otro individuo, parece que se están protegiendo a sí mismos del propio estrés… aunque sea a pesar de infligir daño a otro.

(…)

Si consideramos la invasión de Irak durante la administración Bush, está claro que Saddam Hussein no estaba, de ningún modo, conectado con los eventos del 11 de septiembre del 2001. Sin embargo, la agonía producida por el ataque pedía -para los americanos- que algo se hiciese en respuesta. Alguien debía pagar por lo ocurrido y la victima –los Estados Unidos- también debía demostrar que seguía siendo poderosa. El inspector Han Blix, responsable de la búsqueda de las supuestas armas de destrucción masiva iraquíes hasta 2003, afirma en su libro Desarmando Irak, que “está claro que la determinación de los Estados Unidos de invadir Irak no se desencadenó a partir de algo que Irak hizo, sino a partir de las heridas infligidas por Al-Qaeda”. El bombardeo y subsecuente invasión de Irak fue un terrible error pero en su inicio, al menos, representó -de alguna manera- un éxito, ya que sirvió como respuesta a la rabia y la necesidad de muchos americanos de redirigir su dolor post 11/9.

Comprender cómo y por qué la gente se deja llevar por la agresión desviada nos ayuda a entender algunos eventos aparentemente desconectados. Por ejemplo, el poder y la ubicuidad con que se dan los chivos expiatorios (…) Dentro de los Estados Unidos, los afroamericanos han sido los receptores de este dudoso honor a lo largo de su historia. En un estudio clásico, los psicólogos encontraron que podían predecir el número de linchamientos sureños entre 1882 y 1930, simplemente a partir del precio del algodón durante el año anterior. Cuando bajaba, la frecuencia de linchamientos aumentaba. No es que los racistas blancos literalmente culparan a los afroamericanos cada vez que los precios disminuían; en realidad, lo que ocurría era que, cuando la economía iba mal, la rabia, el resentimiento y la frustración por ello eran dirigidos a la minoría sin poder defenderse. El dolor económico y social de los blancos pobres, era pasado hacia los negros, sin que se diesen cuenta de forma consciente de que lo que buscaban eran cabezas de turco en las que desahogar su angustia.

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