Desarrollo aséptico

El hombre en su orgullo y arrogancia, reniega de la Naturaleza y ensalza la tecnología y todo aquello que es obra suya. Poco a poco se va alejando de sus orígenes, de sus raíces que le dieron vida y va creando un mundo y un entorno artificial, aséptico y controlado.

Evitamos a toda costa el agua de lluvia y sin embargo adoramos el agua controlada de una ducha. Evitamos andar por la tierra para no mancharnos y en su lugar asfaltamos y adoquinamos para poder caminar sobre nuestra obra. Evitamos el placer de caminar descalzos por el césped, el contacto directo con la naturaleza, en su lugar usamos unos cómodos zapatos que nos separan de ella, que evitan que nos lastime, que nos dan abrigo. Cada vez más vamos dejando de contemplar las maravillas de la naturaleza directamente, para hacerlo a través de una pantalla, de una ventana. Evitamos los esfuerzos para no sudar, para ganar tiempo y en su lugar hacemos ejercicios en entornos y tiempos controlados. Cambiamos la limitada tracción humana y animal por unas eficaces y potentes máquinas. Hemos dejado de dialogar entre nosotros, ya no nos miramos a los ojos ni sentimos el contacto del otro, ahora se llama por teléfono, se escriben mails, se chatea, o se dejan frases en un muro. Cada vez más cambiamos las macetas naturales por plantas artificiales, las mascotas animales por otras digitales o plastificadas, ya que necesitan menos atención y nos dejan más tiempo.

Cambiamos el tiempo de la Naturaleza, el del día y la noche, por el ritmo de las agujas del reloj, ya no importa el Sol, ahora importan los implacables minutos para llegar a tiempo. Así que poco a poco nos vamos distanciando de la Naturaleza, a costa de explotarla, transformarla, domesticarla y controlarla. Supuestamente así ganamos confort, seguridad y tiempo. Y luego gastamos nuestro tiempo libre y pagamos viajes relámpago para irnos a remotas selvas vírgenes, a monasterios olvidados del loco avance del mundo, a pequeñas culturas indígenas que viven apartadas del desarrollo a maravillarnos y disfrutar de su confort, de su belleza, de su seguridad y del suave transcurso de su tiempo.

Carlathus dixit

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