Derechos humanos y guerra

Fragmento de la entrevista  a Jean Bricmont, fisico teorico y profesor universitario autor del libro “Imperialismo humanitario. El uso de los derechos humanos para vender la guerra

(…) ¿Qué responsabilidad tienen, si es el caso, las organizaciones de derechos humanos en la creación del discurso de derechos humanos que sirve para legitimar la ‘intervención humanitaria’?

Creo que tienen una gran responsabilidad. Por supuesto, algunas organizaciones son peores que otras: Human Rights Watch, por ejemplo, sigue bastante de cerca la política del Departamento de Estado. La historia siempre se escribe de modo crítica: ¡véanse los horrores del colonialismo! ¡O del estalinismo! Pero en el momento en que sucedían esos ‘horrores’, gran número de gente inteligente, honesta y bienintencionada los apoyaba.

Conjeturo que cuando se escriba la historia de nuestra época de manera crítica, la gente se asombrará de la santurronería y unilateralidad, de la crasa ceguera del discurso contemporáneo occidental sobre los derechos humanos. Se quedarán desconcertados por el silencio casi unánime ante las víctimas causadas por el embargo contra Irak, las dudas en la oposición a las guerras contra ese país, la larga indiferencia a las aspiraciones nacionales de los palestinos, la falta de reacciones a la histeria sobre Irán, el entusiasmo por la guerra de Kosovo, que fue la guerra para empezar todas las guerras (de tipo humanitario), y las matanzas masivas en el Congo oriental, en buena medida debidas a las intervenciones extranjeras en ese país por parte de Ruanda y Uganda.

También se darán cuenta de que el principal problema de nuestro tiempo es el desarrollo del Sur, que el desarrollo no es ni fácil ni indoloro y que presupone la soberanía nacional y la independencia, que es precisamente lo que el movimiento de derechos humanos ignora y a lo que se opone.

No olvidemos que el estalinismo se justificó apelando a los ideales socialistas, y el colonialismo a la ‘misión civilizadora’ y la ‘carga del hombre blanco’. El imperialismo de la actualidad, aunque mucho más débil que antes, se justifica con la retórica de los derechos humanos.

No siempre fue así. Cuando se fundó Amnistía Internacional, se la consideró en Occidente demasiado amistosa para con los revolucionarios. Pero tras el final de la guerra de Vietnam, Carter desplazó la retórica norteamericana hacia los ‘derechos humanos’, que se convirtieron en la principal arma ideológica contra el comunismo; después, con el crecimiento de las organizaciones de derechos humanos, y su necesidad de financiación, se volvieron cada vez más respetables y aceptadas.

En relación al respeto a la independencia y soberanía nacionales, hay quien respondería, por supuesto, que no es legítimo que una dictadura brutal vindique la soberanía o independencia. ¿Qué piensa al respecto?

Creo que esta cuestión expresa una versión radical de la ideología de los derechos humanos: los países regidos por dictadores no existen como estados soberanos y están disposición de países más poderosos. Pero la invasión de Irak debería haber demostrado que un país no es sólo su forma de gobierno. También incluye, entre otras muchas cosas, un sistema educativo y de salud que en Irak ha quedado en buena medida destruido por las guerras y la invasión. Y, lejos de reconstruir lo que han destruido, los norteamericanos se están retirando ahora en medio de la autocomplacencia. Pero eso, como mínimo, muestra que el destino de los pobres y sufridos iraquíes importaba cuando se encontraban bajo un régimen considerado hostil por los EE. UU. e Israel, y no es motivo de preocupación alguna cuando el mayor interés de los EE. UU. consiste en marcharse.

Por supuesto, lo mismo sucedió cuando se derrumbó la Unión Soviética: el bajo nivel de vida de las masas, causa de gran preocupación para los liberales occidentales antes del derrumbe, cayó todavía mucho más, pero entonces los mismos liberales mostraron su indiferencia hacia su sufrimiento. Cuando Putin intentó recuperar el control de la economía rusa, como era de prever resurgió la preocupación por los pobres rusos.

Además, cuando las elecciones las ganan los ‘malos’, Chávez, Milosevic, Putin, Hamás, etc., Occidente declara simplemente que no son democráticas. Por supuesto que las elecciones nunca son perfectas y siempre surge la cuestión de quién controla los medios. ¿Pero, qué sucede con Occidente? ¿Quién controla aquí a los medios y su grado de objetividad? (…)

Fuente: New Left Project

Vía: Gente fina’s blog

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