Podemos..

Llamada a la lucha, por Carmen de Nova desde Etiopía

11 de enero de 2010.- Detrás de toda explicación clara hay una imagen. He escrito intentando transmitir con palabras positivas lo que vemos en este lugar. Pero ya está bien: no hay que dormir conciencias, sino despertarlas, y a veces estamos tan
ciegos que lo único que nos mueve es un vuelco al corazón… o al estómago. Me remito al refrán que dice que una imagen vale más que mil palabras. He podido ver aquí la viva imagen del hambre, que apaga la sonrisa de un niño y la cambia por lágrimas desnutridas, reprimidas, esas que no salen por no poder, porque al cuerpo se le acabó el agua y las fuerzas para rechistar y luchar, para decirnos que ya está bien, que despertemos.

La incomprensión desde la inocencia de un niño por algo que no tendría que estar pasando hace daño, sobre todo cuando no tenemos una razón que ofrecerle. ¿Por qué? Eso me pregunto yo. La mirada de aquel niño me atravesó el pecho y me dio justo en el centro, esa mirada adulta y cansada, con la serenidad de quien acepta un destino claro e inevitable. Una mirada que mezcla incomprensión e indiferencia, que mira sin ganas de ver lo que tiene delante. No he podido compartir esa imagen con vosotros: difundirla públicamente se coloca en los límites de lo ético. Pero espero que os hayáis hecho una idea. La lucha diaria de un niño en este pedazo de tierra no es la lucha de fantasías, juegos e inocencias compartidas que nosotros recordamos de nuestra infancia. Es una lucha adulta, de supervivencia, la que fuerza a un niño de 3 años a cuidar del ganado atravesando decenas de kilómetros de desierto, la que le ayuda a aguantar el hambre hasta la noche, la que le arranca del juego y la despreocupación para lanzarlo a la incertidumbre. Y la que le ayuda a sonreír a pesar de todo ello.

Muchos piensan que vivir esto que he vivido ayuda a valorar lo que tienes en casa. ¿Valorar el qué? ¿El tener un armario lleno de ropa, un coche en la puerta y un trabajo que no ocupa más que nueve horas de tu tiempo al día? ¿Que llegue el fin de semana y te tumbes en el sofá a ver una película o salgas de compras o te tomes una copa con tus amigos? No, eso aquí sería pretencioso. Empiezas a valorar el respeto a los derechos humanos, a la integridad física y psíquica, el derecho a una vivienda digna, al poder gritar y que te escuchen, a no morir de hambre y de pena.

Uno se puede llegar a acostumbrar a todo. Acostumbrarse a ver a las madres haciendo colas enormes durante horas con sus hijos a la espalda y bajo un sol de mentira, con la triste esperanza de que su niño esté lo suficientemente desnutrido como para entrar en el programa, y así conseguir el litro de aceite y el kilo de harina que se reparten cada mañana. Acostumbrarse a las armas en una sala de espera de un hospital cualquiera, al sometimiento, al vivir con el miedo a cuestas y las fuerzas bajo cero. A ver lo curable y aceptar que aquí no se puede curar. Nos podemos acostumbrar a no hacer nada para cambiar esto, a
verlo por la televisión y pensar “pobre gente”, para luego apagarla y seguir con nuestras vidas.

Podemos cerrar los ojos a lo que pasa, acomodarnos en nuestra realidad, en nuestra normalidad. Podemos abrir los ojos de vez en cuando para ver lo feo que es todo y volverlos a cerrar para seguir imaginando un mundo más justo, mientras las telarañas siguen creciendo en nuestras conciencias y el óxido se apodera de nuestras memorias, y rezar por un mundo mejor. Podríamos seguir haciendo todas esas cosas y no seríamos culpables. Pero también podríamos mirar a estos niños a los ojos y querer cambiar lo cambiable, despacito, poco a poco, cada uno a su manera.

Huir de pensamientos únicos, de conformismos podridos. Hablar, gritar, hacernos oír o hacerlos oír. Recoger las fuerzas desgastadas de esto niños y hacerlas nuestras, de todos, devolvérselas. Hay muchas formas de lucha. Sólo hay que encontrar la de uno mismo, la que cada uno tiene a su alcance, encontrarla o por lo menos buscarla. Yo no sé si ya encontré la mía, pero esto se me está colando por todos los poros de mi cuerpo y mente. Yo me despido aquí ya que termino misión, pero acompañadme en el intento.

visto en Crónicas desde África de El Mundo

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3 respuestas a Podemos..

  1. Antonio dijo:

    Mmmmh Carlos, ¿esto no contradice la postura que defendías a capa y espada durante cierta conversación?

  2. Antonio dijo:

    Sabes que no me refería a eso, perrilla manipuladora

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