El valor de las cosas

“...Aquel dia una preciosa jovencita se acercó a la maleza y emergió como por arte de magia con una hermosa flor amarilla de largo tallo. Se ató el tallo alrededor del cuello de tal modo que la flor le colgara sobre el pecho como una joya valiosa. Los miembros de la tribu se reunieron en torno a ella y le dijeron que estaba preciosa, y que había hecho una maravillosa elección. Se pasó el día recibiendo cumplidos. Yo notaba que resplandecía porque se sentía especialmente guapa.


Mientras la contemplaba recordé un incidente acaecido en mi consulta justo antes de abandonar Estados Unidos. Me visitó una paciente que sufría un grave síndrome de estrés. Cuando le pregunté que estaba ocurriendo en su vida, me contó que su compañía aseguradora había aumentado la prima por uno de sus collares de diamantes de ochocientos dólares. Alguien de Nueva York le había garantizado que podría hacerle un duplicado exacto del collar con piedras falsas. Iba a coger un avión, permanecería allí mientras se lo hicieran, y luego volvería para meter los diamantes en la cámara acorazada de un banco. Con esto no eliminaría la cuantiosa prima del seguro ni la necesidad de tenerlo, puesto que ni siquiera en la mejor cámara acorazada de un banco se puede garantizar una seguridad absoluta, pero la prima se reduciría considerablemente.

Recuerdo que le pregunte por un baile anual que debía celebrarse en breve. La mujer contestó que la imitación estaría lista para entonces y que pensaba llevarla.

Al final de nuestro día en el desierto, la muchacha de la tribu de los Auténticos depositó la flor en el suelo y la devolvió a la madre tierra. Había servido a su propósito. Estaba muy agradecida por ello y había conservado el recuerdo de toda la atención recibida durante el día. Era la confirmación de su atractivo personal, pero no se había apegado al objeto en sí. La flor se marchitaría, moriría y volvería a convertirse en humus y a reciclarse una vez más.

Pense en mi paciente. Luego miré a la joven aborigen. Su joya tenía un significado; la nuestra un valor monetario. Pensé que realmente alguien en este mundo había equivocado el sistema de valores, pero no creía que fueran aquellos seres primitivos, en la tierra de Australia, llamada de Nunca Jamás.

Las voces del desierto. Marlo Morgan
visto en Miradas del Mundo
Anuncios
Esta entrada fue publicada en Pensar, Sistema. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s