La ceguera

El proverbio tibetano que puse el otro día, me ha dado mucho que pensar: Hace más ruido un solo árbol cuando cae que todo un bosque cuando crece. A diario nos enteramos de trágicos fracasos para el ser humano, como las guerras actuales, la pobreza del tercer mundo, enfermedades que asolan a los más débiles, la crisis capitalista y desgraciadamente un largo etcétera, que al menos en mí, hacen que me impregne de un fétido pesimismo. Sin embargo, el silencioso y lento pero implacable avance de los numerosos éxitos, pasa completamente inadvertido a nuestra percepción. Quizás se deba, como sabiamente apunta la frase, a que nuestra percepción esta sesgada hacia cambios rápidos (que suelen ser negativos) mientras que poseemos una ceguera galopante sobre los pequeños pero continuos cambios (entre los que abundan los cambios positivos). Y hoy quiero dejar a cada uno en su sitio, e intentar eliminar ese tufillo pesimista para remplazarlo por una brisa optimista que cuenta que todas esas pequeñas acciones que hacemos día a día, sirven para algo, que nuestra iniciativa personal es vital para cambiar el mundo.

Cuando nos rebelamos contra la situación actual siempre e inevitablemente aparecen dos imponentes muros, a primera vista insalvables, que si no los vemos nosotros, alguien ya se encargará de señalárnoslos: 1) es imposible cambiar el orden establecido, y menos 2) con una pequeña acción como la mía, que es como una diminuta mosca contra un enorme gigante. Para todos aquellos que se ríen de los cándidos arreglamundos, mientras se rodean de excusas, conformismo e indiferencia, voy a intentar derribar estos “aparentes” muros.

Ante el primero, un imponente muro que reza que no se pueden cambiar las cosas, que es imposible actuar frente al orden económico establecido, que no se puede luchar frente a las tiranas reglas de juego de los gigantes económicos, que no se puede sacar de la pobreza a tantos millones de personas, que no se puede crecer sin contaminar, que el sistema no permitirá nunca eliminar las injusticias, en definitiva que otro mundo, NO es posible, sólo tiene que echar la vista hacia atrás para comprobar que está terriblemente equivocado. El orden social y económico  ha venido cambiando desde el principio de los tiempos, y sólo hay que mirar los últimos 100 años para comprobarlo: la abolición de la esclavitud y el derecho al voto de las mujeres en los 30. En los 50 tras la segunda guerra mundial se forjaron conceptos tan fundamentales como las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (o ver éste). No fue hasta los años 60 cuando se consiguió el derecho al voto de la raza negra, y en menos de 50 años un presidente afro americano lidera la nación más poderosa del planeta. En Asia y en África, tras la Segunda Guerra Mundial se logró la independencia de las colonias. En África, en 1975, de los 54 países actuales, sólo 3 tenían un líder elegido democráticamente; en 1998 eran 32. Hace tan sólo 9 años, 190 países se comprometieron a cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Si el mundo ha cambiado siempre ¿Porque no va a cambiar ahora? Y una vez que hemos asumido que la sociedad cambiará, la pregunta realmente importante es ¿Vas a hacer tu algo para que cambie a mejor? Aquí es donde aparece el segundo gran muro: En todos y cada uno de nosotros se arraiga la idea de que nuestras acciones son insignificantes contra el gigante que queremos vencer. Sin embargo la historia vuelve a enseñarnos que estamos equivocados: Muchas de las libertades y logros que hoy damos por sentado, han sido conseguidos gracias a la lucha de unos pocos por cambiar el orden establecido. Unos cuantos abolicionistas consiguieron que la esclavitud fuera erradicada internacionalmente en los años 30. En esa época movimientos feministas consiguieron de forma generalizada el derecho al voto de las mujeres. En los años 60 Martin Luter King y otros activistas consiguieron con su lucha el derecho al voto para la raza negra, y así un largo etcétera.

¿Y ahora? ¿Cual es tu excusa para seguir sin hacer nada? Actúa. Lucha por tus ideas. No dejes que nadie te diga que algo no se puede conseguir. Aunque no lo creas, pequeñas acciones en apariencia tan insignificantes como una firma, están cambiando el planeta. Tu iniciativa personal es VITAL para cambiarlo. Como decía Gandhi, si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo (o este epitafio de un obispo anglicano).

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