El Congo: la tragedia de poseer riquezas

Así es como creo que funciona el sistema capitalista global en el que vivimos:

José compra su nuevo y flamante móvil Nokia, con mp3, tecnología tri-banda y cámara de fotos y video, que sustituye a su anterior móvil, que con tan solo año y medio ha quedado totalmente obsoleto y fuera de moda. Nokia, y demás compañías de teléfonos móviles rivales, han experimentado un crecimiento increíble esta última década, y compiten por sacar al mercado una ingente cantidad de productos nuevos con las últimas tendencias electrónicas, para satisfacer la explosiva demanda de estos pequeños aparatos por gente como José, como tú o como yo.

Para la fabricación de dichos aparatos, las compañías demandan ingentes cantidades de coltán, un raro mineral fundamental para la fabricación de los circuitos electrónicos de cualquier móvil, portátil o GPS. El coltán se lo compran a compañías multinacionales que a su vez lo compran en la Republica Democrática del Congo a intermediarios locales. Estos intermediarios obtienen el preciado mineral, el tristemente llamado oro negro (400$/Kg), de la zona este del país, una zona de alta riqueza minera, donde este mineral es abundante, constituyendo el 80% de las reservas mundiales. Allí, grupos rebeldes armados, de la vecina Ruanda y Burundi, se hacen con el control de las minas de coltán, y obtienen los beneficios directos del demandado mineral. La población local es la que sufre las terribles consecuencias: macabra violencia sexual utilizada como arma de guerra, matanzas masivas e indiscriminadas, uso de los niños soldado,… un invisible y desconocido conflicto ante la sociedad occidental que ha generado 5,4 millones de muertes en los últimos 10 años, la guerra más letal desde la Segunda Guerra Mundial, el equivalente a lo ocurrido en el archiconocido 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, pero cada dos días, en un país con un sexto de la población de Estados Unidos.

Mineros vendiendo coltán. Kivu, al este de la República Democratica del Congo. 2003.

(c) Alex Majoli

Los conflictos interétnicos entre hutus, tutsis, grupos rebeldes de Ruanda, Burundi y el ejército congoleño, son la cortina de humo de la verdadera naturaleza del conflicto: el control de los recursos naturales del Congo. La República Democrática del Congo probablemente sea una de las regiones más ricas del planeta. Hay diamantes, petróleo, uranio, oro, 30% del cobalto del mundo, 10% del cobre, 80% de las reservas mundiales del desconocido coltán, manganeso, zinc, muchísima agua, tierras fértiles y una increíble diversidad biológica.

La triste ironía es que el Congo es uno de los países más pobres del mundo, con una macabra historia, teñida por la sangre y la codicia por sus riquezas, desde su descubrimiento por occidente. Después de respaldar a los aliados en la Segunda Guerra Mundial, el Congo obtuvo su independencia y en 1960 eligió como primer ministro a Patrice Lumumba, un progresista, un panafricanista. Poco después fue asesinado en un complot que implicó a la CIA. Estados Unidos instaló y respaldó a Mobutu Sese Seko, que dominó tiránicamente y saqueó la nación durante más de 30 años. Desde su muerte, el Congo ha estado en guerra; de 1996 a 2002, provocada por las invasiones de los vecinos Ruanda y Uganda, y desde entonces el conflicto continúa.

En resumen: José tiene su flamante móvil nuevo, Nokia y demás compañías de teléfonos móviles, las multinacionales que venden coltán, y algún que otro avispado intermediario congoleño, unos beneficios que marean, los grupos rebeldes dinero para comprar armas nuevas, y los aldeanos probablemente algún pariente muerto, algún miembro amputado a machete, alguna hija brutalmente violada, o un hijo forzado a ser soldado, muchas veces tras obligarle a matar a sus padres.

Sólo dos preguntas no paran de resonar en mi cabeza ¿Cómo es posible que esta guerra pase totalmente desapercibida para los países del primer mundo? Y la más importante: ¿Quién es el responsable de esta trágica situación?: ¿José que simplemente compró su móvil para escuchar música y hacer fotos de fiesta con sus amigos y no tiene ni idea de qué es el coltán ni donde está el Congo?; ¿Las compañías de móviles por comprar coltán a multinacionales que extraen el mineral del Congo?; ¿Los intermediarios locales que compran el mineral a las guerrillas?; ¿Las guerrillas que luchan por su conflicto interétnico contra el ejército del Congo?; ¿Las Naciones Unidas que no intervienen en el conflicto armado? o ¿los pobre campesinos por haber tenido la desgracia de nacer en una de las zonas más ricas del planeta? En mi modesta opinión, el responsable es el sistema capitalista global, donde una feroz competencia impone unas terribles reglas de juego: sólo unos pocos se benefician mucho, y unos muchos sufren las devastadores consecuencias del enriquecimiento de unos pocos. Y como integrantes del sistema, todos y cada uno de los eslabones de la cadena somos en parte responsables de las consecuencias de este.

Más info:

Documental “Blood coltan” (en inglés)

http://video.google.com/googleplayer.swf?docid=4473700036349997790&hl=es&fs=true

Lápices para la paz: Amanece, que no es poco.

Reportaje de Geo : El coltán
Anuncios
Esta entrada fue publicada en África, Pensar, Sistema. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s