La percepción del pecado

guilt

La gente de la sala procedía de la comunidad ibo, cuya religión tradicional, al igual que las de la mayoría de las sociedades africanas, no conoce la noción de pecado. La cuestión radica en la diferencia con que contemplan el tema de la culpa la teología cristiana y la tradición africana. En esta última no existe la noción del mal metafísico, abstracto, el mal en si mismo. La acción sólo adquiere rasgos de mala cuando, en primer lugar, se descubre; y, en segundo lugar, cuando una comunidad o una persona la considera como tal. Además, el criterio no es axiomático sino práctico, concreto: el mal es aquello que perjudica a otros. No existen malas intenciones (ni pensamientos, ni deseos), porque el mal no lo es hasta que se materializa, hasta que cobra una forma activa. Solo existen malas acciones.

Si deseo que mi enemigo caiga enfermo, no hago ningún mal, ni cometo pecado. Sólo cuando mi enemigo realmente caiga enfermo, podré ser acusado de una mala acción: de que le he inoculado la enfermedad (porque en África no se cree que las causas de las dolencias sean biológicas, sino que proceden de los embrujos que nos echan nuestros adversarios).

Sin embargo, tal vez lo más importante radique en el hecho de que el mal no descubierto no es ningún mal, con lo cual tampoco despierta sentimiento de culpa. Puedo engañar con la conciencia limpia durante todo el tiempo que transcurra hasta que alguien se dé cuenta de que lo he estado engañando y me señale con el dedo. La tradición cristiana, por el contrario, interioriza la culpa: nos duele el alma, la conciencia nos quema y nos atormentan los remordimientos. Nos sumimos en ese estado en que notamos el peso del pecado y el martirio de su presencia, constante y torturadora. La cosa resulta muy diferente en las sociedades en que el individuo existe no para sí mismo sino en tanto que elemento de una comunidad. Al librarle ésta de la responsabilidad personal, hace que la culpa individual desaparezca y, con ella, el sentimiento de pecado. Además, vivir con el sentimiento de pecado se prolonga en el tiempo: he hecho algo malo, sé que he cometido un pecado, me atormenta el haberlo hecho y ahora busco la manera de purificarme, de expiarlo, borrarlo, confesarlo, etc. Todo eso es un proceso que necesita tiempo. Pues bien: la manera africana de afrontar el problema planteado no contempla ese tiempo: en el tiempo africano no hay lugar para el pecado. Una de dos: o no hago nada malo -puesto que no se ha descubierto-, o bien, cuando el mal es revelado, enseguida, en ese mismo instante, es castigado y, por lo mismo, aniquilado. Es que la culpa y el castigo van de la mano, forman un iunctim inseparable que no deja entre la una y el otro ningún resquicio, ningún espacio libre. En la tradición africana no hay lugar para las cavilaciones y el drama de Raskólnikov.

Ebano. Ryszard Kapuscinski

Anuncios
Esta entrada fue publicada en África, Libros, Pensar, Religión. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s