Crumbs from your table (Las migas de tu mesa)

   

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El día se prometía espléndido. Eran las 6:15 horas de un 3 de agosto en el aeropuerto de Bruselas – Zaventem y un sol rojizo empezaba a alzarse en el cielo. El Boeing 747 de Sabena aterrizó con puntualidad. Mientras los pasajeros, con los ojos adormilados, descendían por la escalerilla y subían a los dos autobuses, un empleado de mantenimiento con un impermeable blanco examinaba el aparato.

 

Del tren de aterrizaje izquierdo asomaban 3 dedos de una mano, trabados con el borde del compartimento estanco. El empleado se acercó. En el tren de aterrizaje, descubrió los cuerpos de dos adolescentes, negros y endebles, acurrucados, con las facciones petrificadas por el terror. Eran los cadáveres de Fodé Touré Keita y Alacine Keita, dos guineanos de 15 y 14 años, que vestían unos sencillos pantalones cortos, sandalias y camiseta.

 

La trampilla principal del tren de aterrizaje de un boeing 747 alberga dieciséis grandes ruedas. El compartimento es amplio y alcanza una altura de dos metros. La trampilla sólo se abre desde la cabina de los pilotos. Pero mientras el avión permanece en la pista, cualquiera (si consigue colarse, pasando desapercibido entre el personal de mantenimiento) puede acceder a la trampilla.

 

A velocidad de crucero, un Boeing 747 vuela a unos 11.000 metros  y, a esa altitud, la temperatura exterior desciende hasta más de 50º C bajo cero.

Los dos adolescentes, con toda probabilidad, debieron de introducirse en el tren de aterrizaje en la escala que el vuelo hizo en Conakry.

En el bolsillo de la camiseta de Fodé, el empleado encontró una hoja cuidadosamente plegada, en la cual se podía leer, escrito con letra desmarañada:

 

«Si ven que nos sacrificamos y que exponemos nuestras vidas es porque en África todos sufrimos, y les necesitamos para luchar contra la pobreza y poner fina la guerra en África. Sin embargo, nosotros queremos estudiar y les pedimos que nos ayuden a estudiar para ser como ustedes en África.

Por último, les suplicamos que nos disculpen por osar escribirles esta carta, ya que son ustedes personas muy importantes a las que respetamos mucho. Pero no olviden que es a ustedes a quienes deberemos quejarnos por la debilidad de nuestra fuerza en África».

 

 Facsímil de la carta publicado por la Oficina Europea de las naciones unidas: aqui.

 

(…)

 

Niña transportando leña. Marruecos 2004. Eduardo Díaz (c)

 

A diario en el planeta, cerca de 100.000 personas mueren de hambre o a causa de sus secuelas inmediatas. Hoy en día, 826 millones de personas padecen una grave desnutrición crónica (…) Cada siete segundos, en la tierra, un niño menor de diez años muere de hambre. (…)
 
La destrucción de millones de seres humanos por el hambre se efectúa con una especie de gélida normalidad, a diario y en un planeta que rebosa de riquezas. La tierra, en el estadio alcanzado por sus medios de producción agrícolas podría alimentar con plena normalidad a 12 mil millones de seres humanos. (…pero sólo somos algo más de 6 mil millones).

 

Los nuevos amos del mundo. Jean Ziegler

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