La razón es hija de la imperfección

Rita Levi-Montalcini, neuróloga italiana, premio Nobel de Medicina (1986) de 98 años de edad.

– ¿Cómo celebrará sus 100 años?
– Ah, no sé si viviré, y además no me placen las celebraciones. ¡Lo que me interesa y me da placer es lo que hago cada día!

– ¿Y qué hace?
– Trabajo para becar a niñas africanas para que estudien y prosperen ellas y sus países. Y sigo investigando, sigo pensando…

– No se jubila.
– ¡Jamás! ¡La jubilación está destruyendo cerebros! Mucha gente se jubila, y se abandona… Y eso mata su cerebro. Y enferma.

– ¿Y cómo anda su cerebro?
– ¡Igual que a mis 20 años! No noto diferencia en ilusiones ni en capacidad. Mañana vuelo a un congreso médico…

– Pero algún límite genético habrá…
– No. Mi cerebro pronto tendrá un siglo…, pero no conoce la senilidad. El cuerpo se me arruga, es inevitable, ¡pero no el cerebro!

– ¿Cómo lo hace?
– Gozamos de gran plasticidad neuronal: aunque mueran neuronas, las restantes se reorganizan para mantener las mismas funciones, ¡pero para ello conviene estimularlas!

– Ayúdeme a hacerlo.
– Mantén tu cerebro ilusionado, activo, hazlo funcionar, y nunca se degenerará.

– ¿Y viviré más años?
– Vivirá mejor los años que viva, que eso es lo interesante. La clave es mantener curiosidades, empeños, tener pasiones…

– La suya fue la investigación científica…
– Sí, y sigue siéndolo.

– Descubrió cómo crecen y se renuevan las células del sistema nervioso…
– Sí, en 1942: lo llamé nerve growth factor (NGF, factor de crecimiento nervioso), y durante casi medio siglo estuvo en entredicho, ¡hasta que se reconoció su validez y en 1986 me dieron por ello el premio Nobel!

– ¿Cómo fue que una chica italiana de los años veinte se convirtió en neurocientífica?
– Desde niña tuve el empeño de estudiar. Mi padre quería casarme bien, que fuese buena esposa, buena madre… Y yo me negué. Me planté y le confesé que quería estudiar…

– Qué disgusto para papá, ¿no?
– Sí. Pero es que yo no tenía una infancia feliz: me sentía patito feo, tonta y poca cosa… Mis hermanos mayores eran muy brillantes, y yo me sentía tan inferior…

– Veo que convirtió eso en un estímulo…

– Me estimuló también el ejemplo del médico Albert Schweitzer, que estaba en África para paliar la lepra. Deseé ayudar a los que sufren, ¡ése era mi gran sueño…!

– Y lo ha hecho…, con su ciencia.
– Y, hoy, ayudando a niñas de África para que estudien. Luchemos contra la enfermedad, sí, ¡pero todo mejorará si acaba la opresión de la mujer en esos países islamistas…!

– La religión ¿frena el desarrollo cognitivo?
– Si la religión margina a la mujer frente al hombre, la aparta del desarrollo cognitivo.

– ¿Existen diferencias entre el cerebro del hombre y el de la mujer?
– Sólo en las funciones cerebrales relacionadas con las emociones, vinculadas al sistema endocrino. Pero en cuanto a las funciones cognitivas, no hay diferencia alguna.

– ¿Por qué todavía hay pocas científicas?
– ¡No es así! ¡Muchos hallazgos científicos atribuidos a hombres los hicieron en verdad sus hermanas, esposas e hijas!

– ¿De veras?
– No se admitía la inteligencia femenina, y la dejaban en la sombra. Hoy, felizmente, hay más mujeres que hombres en la investigación científica: ¡las herederas de Hipatia!

– La sabia alejandrina del siglo IV…

– Ya no acabaremos asesinadas en la calle por monjes cristianos misóginos, como ella. Desde luego, el mundo ha mejorado algo…

– Nadie ha intentado asesinarla a usted…
– Durante el fascismo, Mussolini quiso imitar a Hitler en la persecución de judíos…, y tuve que ocultarme por un tiempo. Pero no dejé de investigar: monté mi laboratorio en mi dormitorio… ¡y descubrí la apoptosis, que es la muerte programada de las células!

– ¿Por qué hay tan alto porcentaje de judíos entre científicos e intelectuales?

– La exclusión fomentó entre los judíos los trabajos intelectivos: pueden prohibírtelo todo, ¡pero no que pienses! Y es cierto que hay muchos judíos entre los premios Nobel…

– ¿Cómo se explica usted la locura nazi?

– Hitler y Mussolini supieron hablar a las masas, en las que siempre predomina el cerebro emocional sobre el neocortical, el intelectual. ¡Manejaron emociones, no razones!

– ¿Sucede eso ahora?
– ¿Por qué cree que en muchas escuelas de Estados Unidos se enseña el creacionismo en vez del evolucionismo?

– ¿La ideología es emoción, es sinrazón?
– La razón es hija de la imperfección. En los invertebrados todo está programado: son perfectos. ¡Nosotros, no! Y, al ser imperfectos, hemos recurrido a la razón, a los valores éticos: ¡discernir entre bien y mal es el más alto grado de la evolución darwiniana!

– ¿Nunca se ha casado, no ha tenido hijos?
– No. Entré en la jungla del sistema nervioso ¡y quedé tan fascinada por su belleza que decidí dedicarle todo mi tiempo, mi vida!

– ¿Lograremos un día curar el alzheimer, el parkinson, la demencia senil…?
– Curar… Lo que lograremos será frenar, retrasar, minimizar todas esas enfermedades.

– ¿Cuál es hoy su gran sueño?
– Que un día logremos utilizar al máximo la capacidad cognitiva de nuestros cerebros.

– ¿Cuándo dejó de sentirse patito feo?
– ¡Aún sigo consciente de mis limitaciones!

– ¿Qué ha sido lo mejor de su vida?
– Ayudar a los demás.

– ¿Qué haría hoy si tuviese 20 años?
– ¡Pero si estoy haciéndolo!

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2 respuestas a La razón es hija de la imperfección

  1. irene dijo:

    ¡Bravo por esta mujer que es feliz dedicándose a lo que le entusiasma! Lo chungo de esto es saber dónde está el límite de lo enfermizo por limitar hasta tal punto tu vida, que sólo aspiras a llegar más lejos en un campo tan súmamente concreto… Da la impresión que es feliz porque no le interesan el resto de los placeres de la vida (será que no hay!), y aspirando tan poco, supongo que la felicidad es cosa fácil. Me pregunto si no se habrá preocupado nadie por sacarla de su ceguera y demostrarle que la vida es mucho más, pero es que claro, ser neuróloga para dedicarse sacar adelante a mujeres islamistas queda tan súmamente bien socialmente, que ¿quién sería el ignorante capaz de contrariarla? Bueno, la mujer es feliz, y quizá yo tengo demasiados prejuicios.

  2. Pablo dijo:

    Yo me limito a darle un aplauso, por seguir tan "viva"…mucho más que muchos de nosotros.

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