El porqué de la pobreza: derribando paradigmas (I)

Permítanme que, ya desde el principio, arrumbe cierta idea. Muchas personas dan por sentado que los ricos se han hecho ricos porque los pobres se han convertido en pobres. En otras palabras, dan por sentado que, durante la era de colonialismo y después de ella, Europa y Estados Unidos han empleado la fuerza militar y el poderío político para extraer riquezas de las regiones más pobres y, de ese modo, enriquecerse. Esa interpretación de los hechos sería verosímil si el producto mundial bruto hubiera permanecido más o menos constante y una parte creciente del mismo hubiera ido a parar a las regiones poderosas y otra parte menguante a las más pobres. Sin embargo, eso no es en modo alguno lo que ha sucedido. El producto mundial bruto se ha multiplicado casi por cincuenta. Todas las regiones del mundo han experimentado algún crecimiento económico (tanto en términos de tamaño total de la economía como incluso cuando se calcula por persona), pero algunas regiones han crecido mucho más que otras. El factor clave de los tiempos modernos no es la transferencia de rentas de una región a otra, sea por la fuerza o de otro modo, sino más bien el crecimiento general de la renta del mundo, aunque a ritmos diferentes según las regiones.

 

Esto no equivale a decir que los ricos son inocentes de la acusación de haber explotado a los pobres. Sin duda lo han hecho, y como consecuencia de ello los países pobres siguen sufriendo de innumerables maneras, incluidos los problemas crónicos de inestabilidad política. No obstante, el verdadero hilo conductor del crecimiento económico ha sido la capacidad de algunas regiones de lograr incrementos duraderos y sin precedentes de su producción total, hasta unos niveles jamás vistos con anterioridad en el mundo, mientras que otras regiones se estancaban, por lo menos en comparación con las primeras. La tecnología, y no la explotación de los pobres, ha sido la fuerza motriz que ha impulsado los prolongados crecimientos de las rentas del mundo rico. Este dato es muy positivo, porque indica que el mundo entero, incluidas las regiones actualmente rezagadas, tienen la posibilidad razonable de obtener los beneficios de los avances tecnológicos. El desarrollo económico no es un juego de suma cero en el cual las ganancias de unos se reflejan inevitablemente en las pérdidas de otros. Se trata de un juego en el que todo el mundo puede ganar. 

"El fin de la pobreza. Cómo conseguirlo en nuestro tiempo"  Jeffrey Sachs.

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